La Puerta de Ishtar (o de Istar) fue una de las 8 puertas monumentales (15 metros de altura por 24,5 de ancho) de la muralla interior de Babilonia, a través de la cual se accedía al templo de Marduk, donde se celebraban las fiestas del año nuevo. El nombre de Istar lo recibe de la diosa Istar, a la que estaba consagrada.

 

Fue construida en el año 575 a. C. por Nabucodonosor II en el lado norte de la ciudad.1​ Se compone de adobe y cerámica vidriada, la mayoría de color azul debido al lapislázuli, lo que la hacía contrastar fuertemente con todos los edificios de su alrededor, que eran dorados o rojizos. Estos últimos se dispone dibujando la silueta de dragones, toros, leones y seres mitológicos. La parte inferior y el arco de la puerta están decorados por filas de grandes flores semejantes a margaritas. La Puerta de Istar contaba también originariamente con dos esfinges dentro del arco de la puerta, que se han perdido hoy en día.

 

Los restos de la puerta original fueron descubiertos por los alemanes, durante las campañas arqueológicas alemanas de 1902 a 1914. La mayoría se trasladó a Alemania, donde se reconstruyó la puerta en el Museo de Pérgamo de Berlín,2​ en 1930, lugar en el que actualmente se expone. Algunos de los relieves originales de leones, dragones y toros se encuentran actualmente en el Museo Arqueológico de Estambul, el Instituto de Artes de Detroit, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Instituto Oriental de Chicago, el Museo de la Escuela de Diseño de Rhode Island y el Museo de Bellas Artes de Boston.

 

Durante el gobierno de Saddam Hussein en Irak, se comenzaron a reconstruir grandes zonas de la vieja Babilonia, entre ellas la Puerta de Istar, cuya réplica se levantó sobre el antiguo emplazamiento de la original. El plan era convertirla en la puerta de acceso a un nuevo museo arqueológico iraquí que nunca llegó a construirse.3​ Actualmente, la réplica se encuentra bajo la responsabilidad de la 155.ª Brigada de Combate del Ejército de Estados Unidos, cuyo campamento se encuentra dentro de las murallas de Babilonia.

Acaba de salir a las librerías el libro de Miguel Platón La represión de la posguerra,. Penas de muerte por hechos cometidos durante la guerra civil. Este estudio acaba con la mayor parte de las falsedades sobre las cifras de ejecuciones y la supuesta arbitrariedad de los juicios, que viene difundiendo desde hace más de cuarenta años una historiografía degradada en simple charlatanería. Ya es significativo que esa supuesta historiografía no se haya tomado el trabajo, emprendido por Platón, de investigar en los archivos,  sino de guardar las exigencias de método más elementales.  Todo se justificaba porque de lo que se trataba era de deslegitimar  al franquismo  y legitimar a su vez al Frente Popular. La deslegitimación del franquismo se ha conseguido políticamente al punto de que hoy prácticamente nadie osa vindicar, siquiera investigar, la realidad histórica.

  Y se ha conseguido por el simple  método de olvidar o negar  la significación política del Frente Popular, hasta el extremo de definirlo como republicano y demócrata, pese a la evidencia de que destruyó la legalidad republicana e impuso un régimen de verdadero terror caótico, como he demostrado fehacientemente. Y digo que lo he demostrado porque este hecho decisivo casi nunca queda claro en historiografía de derecha, la cual sigue empleando el concepto de “bando republicano” y otra terminología elaborada por la propaganda de izquierda, principalmente comunista.  Terminología que en sí misma desfigura por completo la historia. El FP era en esencia un compuesto de  partidos sovietizantes  y separatistas, que por su misma composición no solo acabó con la república, sino que amenazaba acabar con la unidad de España, su continuidad histórica, su cultura tradicional y la libertad personal. Esto explica por qué se libró la guerra.

Una vez establecida su falacia básica, lo que Julián Marías llamó la profesionalización de la mentira, se aparta la atención del carácter del FP,  de lo que se jugaba en la guerra y de la responsabilidad en el hundimiento de la legalidad, y se concentra en la represión, sobre todo la de posguerra. Ahí se exagera sin tasa y se olvida o difumina el terror del FP…, el cual queda justificado: en definitiva, ¿cómo podía ser legítimo, aceptable,  cómo podría tener razón un régimen que se había levantado contra una república democrática y progresista y había asesinado tan masivamente a sus representantes y partidarios? Como puede verse, el método de la falsificación es simple y muy poco refinado, pero ha tenido un enorme éxito mediante la colaboración del PP y sus historiadores en él.

Platón expone los arbitrarios (y malintencionados) datos de una serie de historiadores charlatanes que han tratado el asunto con gran proyección mediática e internacional, opacando los estudios muy superiores de R. Salas Larrazábal, A. D. Martín Rubio y otros especialistas, o mi estudio de conjunto Los crímenes de la guerra civil. Charlatanes como Gabriel Jackson, Tamames, Beevor, P. Anderson, Álvarez Junco, Solá y Sabaté, Moradiellos, Fusi, A. Schubert, M. Richards, F. Moreno, S. Juliá, Casado Rabanal, Espinosa Maestre y, cómo o, P. Preston, que en las turbias falsedades sobre la guerra y el franquismo viene a ser el abanderado en España y en Inglaterra. Acerca de la curiosa “metodología” y desvergüenza de criterio de los principales he escrito recientemente el estudio Galería de charlatanes

 

La Edad Antigua o Antigüedad es el conjunto de eventos pasados desde el comienzo de la escritura y la historia humana registrada y que se extiende hasta la Antigüedad tardía. El lapso de la historia registrada es de aproximadamente 5000 años, comenzando con la escritura cuneiforme sumeria. La historia antigua cubre todos los continentes habitados por humanos en el período 3000 a. C. – 500 d. C. El sistema de tres edades periodiza la historia antigua en la Edad de Piedra, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, y generalmente se considera que la historia registrada comienza con la Edad del Bronce.1​ El comienzo y el final de las tres edades varía entre las regiones del mundo. En muchas regiones, generalmente se considera que la Edad del Bronce comenzó unos siglos antes del 3000 a. C.2​, mientras que el final de la Edad del Hierro varía desde principios del primer milenio a. C. en algunas regiones hasta finales del primer milenio d. C. en otras.

Durante la Edad Antigua surgieron y se desarrollaron cientos de civilizaciones de gran importancia en todos los continentes, muchas de las cuales generaron productos, instituciones, conocimientos y valores que aún se encuentran presentes en la actualidad, desde Sumeria (iv milenio a. C.) y el Antiguo Egipto, pasando por las antiguas civilizaciones védicas en la India, la China Antigua, las antiguas Grecia y Roma, el Imperio aqueménida en Persia, la Antigua Sudamérica, entre muchos otros.

En el curso de la Edad Antigua surgieron las ciudades y el proceso de urbanización, el Estado, el derecho y la ley, así como grandes religiones como el budismo y el cristianismo.

Características de la Edad Antigua

Sea cual fuera el criterio empleado, coincidiendo en tiempo y lugar, unos y otros procesos cristalizaron en el inicio de la vida urbana (ciudades muy superiores en tamaño, y diferentes en función, a las aldeas neolíticas); en la aparición del poder político (palacios, reyes) y de las religiones organizadas (templos, sacerdotes); en una compleja estratificación social; en grandes esfuerzos colectivos que exigen la prestación de trabajo obligatorio; en el establecimiento de impuestos y el comercio de larga distancia (todo lo que se ha venido en llamar «revolución urbana»).3​ Este nivel de desarrollo social, que por primera vez se alcanzó en la Sumeria del 0 a. C. (espacio propicio para la constitución de las primeras ciudades-estado competitivas a partir del sustrato neolítico), llevaba ya cuatro milenios desarrollándose en el Creciente Fértil.4​ A partir de ellas, y de sucesivos contactos (tanto pacíficos como violentos) de pueblos vecinos (culturas sedentario-agrícolas o nómada-ganaderas que se nombran tradicionalmente con términos de validez cuestionable, más propios de familias lingüísticas que de razas humanas: semitas, camitas, indoeuropeos, etc.), se fueron conformando los primeros estados de gran extensión territorial, hasta alcanzar el tamaño de imperios multinacionales.

Sobre el Autor.

Luis Miguel Riera de la Plaza

Sobre el autor

Nacido en la ciudad más antigua de occidente en 1964. Licenciado en Filosofía y Letras (Geografía e Historia) 1985-1990. Descubrí una pronta fascinación por la historia, lo que me condujo a su investigación y a sus procesos. Dedicado a la literatura con varios libros escritos, me he decidido finalmente a la publicación animado por familiares y amigos. También he colaborado en investigaciones, estudios y redacción de obras de compañeros y amigos. Armonizando esta inquietud con otros estudios como Biblioteconomía, Archivística y Documentación, Psicología Infantil, formación académica del profesorado de enseñanzas medias, coach, formador de formadores, blanqueo de capitales, perito judicial, agente inmobiliario, administrador de fincas y comunidades, y relaciones laborales.

Sobre el libro:

Robert Capa, Bilbao

En este libro encontrará el fruto de una investigación o, para ser más exactos, una parte. El contexto es el de una crisis profunda que se inicia en España y que se extiende en el tiempo sin que se encuentre una solución a la misma. En el libro le introduzco a una parte de esos partidos llamados partidos de «derecha» en un momento concreto. Así se encontrará con una serie de partidos que son incapaces de ponerse de acuerdo y por tanto una conclusión posible es la imposibilidad de que un sistema funcione. La necesidad de sobrevivir del «modelo constitucional republicano» tremendamente dividido, la existencia de una revolución comunista y el miedo en los partidos de «derecha» conducirá a buscar una solución temporal como es el enfrentamiento armado. La búsqueda del ejército lleva al apoyo de una parte del mismo a esa solución temporal. ¿Qué ocurrió? Que será el ejército el que nombre un «jefe» militar temporal hasta el final del conflicto armado, pero entenderá este que no hay una mínima base política coherente y aglutinadora en esos partidos de la «derecha» y así esa solución temporal se va alargando hasta que solo «ese jefe temporal», elegido por los militares, sea el que decida qué va a ocurrir en España.

Contacte con Luis M. Riera.

Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento.
Abraham Lincoln

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